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El Nombre de Jesús


No es lo mismo que pronuncien el nombre de Jesús labios humanos que el que lo pronuncie el Espíritu Santo en las íntimas y misteriosas comunicaciones con las almas.
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Tiene entonces una fuerza, una luz y una dulzura que nunca tendrán los labios humanos.
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No hay otro nombre en los cielos y en la tierra que pueda salvarnos en la hora presente si no es el Santo Nombre de Jesús.
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- Primero, porque Dios ha puesto como único Salvador a su Hijo, y sin El no hay salvación.
- Segundo, porque la salvación supone rectitud en las almas y esa rectitud, le da la gracia de Cristo.
- Tercero, porque así lo demuestra la historia entera.
- Cuarto, porque si se analiza cualquiera de estas cuestiones planteadas, se ve que Cristo es el único que puede resolverla.
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Las Grandes Significaciones del Nombre de Jesús
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Así como para cada alma la historia es distinta, porque es la historia de sus relaciones con Jesús, así cada alma tiene su Jesús; lo que hay en ella de peculiar se lo recuerda el Nombre de Jesús cada vez que lo repite.
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Cuando pronuncia el Nombre de Jesús trae a su mente recuerdos de su vida íntima, desde las infidelidades hasta las ternuras y le habla de la única y verdadera historia, que ha de arrancarle lágrimas de esperanza y consuelo, porque, aunque haya amargas infidelidades, hay inmensas dulzuras de misericordia infinita.
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Esa historia se revela al pronunciar el nombre de Jesús; y esta historia es tuya y de nadie más.
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El Nombre de Jesús es un símbolo de poder, de eficacia, y energía que algunas veces se manifiesta en las influencias sobrenaturales que recibe nuestro corazón.
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En torno al Nombre de Jesús se agrupan todos los heroísmos cristianos.
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El Nombre de Jesús es como una síntesis del Evangelio.
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Así se roba el Corazón a Jesús
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Nuestro corazón no está siempre en un ser, sino que oscila y cambia. El corazón tiene sus alternativas. Hoy se siente atraído a las cosas de Dios; mañana está frío. Hoy está muy en paz en la virtud, mañana está en tentación y en lucha.
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Ahora bien, si nosotros queremos seguir los vaivenes de nuestro corazón y, cuando nos sentimos fervorosos, acercarnos a Dios, y, cuando nos sentimos fríos, alejarnos de Dios; estamos perdidos, porque estaremos como caña que agita el viento, no estaremos como almas perseverantes y como almas amantes de Dios.
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No hay cosa más movediza que los sentimientos interiores, y si nos apoyamos en ellos, nuestra vida será movediza enteramente, como una veleta.
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Cuando se vive fuera, engolfado en todas las cosas de la vida, embriagado por las diversiones o distracciones o curiosidades que el mundo ofrece, hablar de la Presencia interior de Dios parece hablar de una cosa ilusoria.
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Pero cuando el alma se acostumbra a pensar en su vida interior, cuando se acostumbra a buscar a Dios con recogimiento uno va viendo la mano de Dios en su vida, va adquiriendo la sabiduría que viene de lo alto junto con una paz interior muy grande que es el signo de la Presencia de Dios es su vida.
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Lo que importa es Dios, lo que importa son las cosas de Dios.
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El pretexto de nuestra miseria y de nuestra pequeñez no nos debe apartar jamás de El.Nuestro amor tiene que se confiado, audaz y así le obligaremos a darnos gracias.Así, se roba el Corazón de Jesús.