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Letanías Meditadas


LETANIAS MEDITADAS POR EL PAPA JUAN PBLO II
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CORAZON DE JESUS
EN QUIEN ESTAN TODOS LOS TESOROS
DE LA SABIDURIA Y DE LA CIENCIA
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1 . "Corazón de Jesús, en el que están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia".
Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón, tomada de la Carta a los Colosenses (2, 3), nos hace comprender la necesidad de ir al Corazón de Cristo para entrar en la plenitud de Dios.
2. La ciencia, de la que se habla, no es la ciencia que hincha (cf. 1 Co 8, 2), fundada en el poder humano. Es sabiduría divina, un misterio escondido durante los siglos en la mente de Dios, Creador del universo (Ef 3, 9). Es una ciencia nueva, escondida a los sabios y a los entendidos del mundo, pero revelada a los pequeños (Mt 11, 25), ricos en la humildad, sencillez, pureza de corazón.Esta ciencia y esta sabiduría consisten en conocer el misterio de Dios invisible, que llama a los hombres a ser partícipes de su divina naturaleza y los admite a la comunión con El.
3. Nosotros sabemos estas cosas porque Dios mismo se ha dignado revelárnoslas por medio del Hijo, que es sabiduría de Dios (1 Co 1, 214).
Todas las cosas que hay en la tierra y en los cielos, han sido creadas por medio de El y para El (Col 1, 16). La sabiduría de Cristo es más grande que la de Salomón (Lc 11, 31). Sus riquezas son inescrutables (Ef 3, 8). Su amor sobrepasa todo conocimiento. Pero con la fe somos capaces de comprender. Juntamente con todos los santos, su anchura, su largura, altitud y profundidad (Ef 3,18).Al conocer a Jesús, conocemos también a Dios. El que le ve a Él, ve al Padre (Jn 14, 9). Con El apareció el amor de Dios en nuestros corazones (Rm 5, 5).
4. La ciencia humana es como el agua de nuestras fuentes: quien la bebe, vuelve a tener sed. La sabiduría y la ciencia de Jesús, en cambio, abren los ojos de la mente, mueven el corazón en la profundidad del ser y engendran al hombre en el amor trascendente; liberan de las tinieblas del error, de las manchas del pecado, del peligro de la muerte, y conducen a la plenitud de la
comunión de esos bienes divinos, que trascienden la comprensión de la mente humana (Dei Verbum, 6).
5. Con la sabiduría y la ciencia de Jesús, nos arraigamos y fundamentamos en la caridad (Ef 3, 17). Se crea el hombre nuevo, interior, que pone a Dios en el centro de su vida y a sí mismo al servicio de los hermanos.Es el grado de perfección que alcanza María, Madre de Jesús y madre nuestra: ejemplo único de criatura nueva, enriquecida con la plenitud de gracia y dispuesta a cumplir la voluntad de Dios" "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra". Y por esto, nosotros la invocamos como "Trono de la Sabiduría".Al rezar el Angelus, pidámosle que nos haga como Ella y como su Hijo.
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CORAZON DE JESÚS
EN QUIEN HABITA TODA LA PLENITUD DE LA DIVINIDAD
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1. "Corazón de Jesús en el que habita toda la plenitud de la divinidad.Desde el mes de junio, durante los domingos del verano, nuestra oración del "Angelus" saca temas de reflexión de las letanías del Sagrado Corazón de Jesús.Nos detenemos sobre cada una de las invocaciones y meditamos la gran riqueza de contenido que en ellas se encierra. Es una fuente de inspiración para nuestra vida interior: para nuestra relación con el misterio de Jesucristo.
2. Ayer, mediante la solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz, la Iglesia entera se abrió una vez más hacia este Corazón en el que "habita toda la plenitud de la divinidad".El misterio de Cristo: Dios- Hombre, tiene una elocuencia particular cuando miramos a la Cruz: ¡He aquí al Hombre! ¡He aquí el Crucificado! ¡He aquí al Hombre totalmente despojado! ¡He aquí al Hombre "destrozado a causa de nuestros pecados"! ¡He aquí al Hombre "cubierto de aprobios"!.Y, al mismo tiempo: ¡he aquí el Hombre- Dios! En El habita toda la plenitud de la divinidad. ¡De la misma naturaleza que el Padre! Dios de Dios. Luz de luz. Engendrado, no creado. El Verbo Eterno. Uno en la divinidad con el Padre y con el Espíritu Santo.
3. Cuando el centurión, en el Gólgota, traspasó con una lanza el Crucificado, de su costado salió sangre y agua. Este es el signo de la muerte. El signo de la muerte humana del Dios inmortal.
4. Al pie de la Cruz se encuentra la Madre. La Madre Dolorosa. La recordarnos al día siguiente de la Exaltación de la Cruz. Cuando el costado de Cristo fue traspasado por la lanza del centurión se cumplió en Ella la profecía de Simeón: "Y a ti una espada te traspasará el alma" (Lc 2, 25).
Las palabras del profeta son un anuncio de la definitiva alianza de los Corazones: del Hijo y de la Madre; de la Madre y del Hijo. "Corazón de Jesús, en el que habita toda la plenitud de la divinidad". Corazón de María- Corazón de la Virgen Dolorosa- Corazón de la Madre de Dios.¡Que nuestra oración a la hora del "Angelus Domini" se una hoy a esa admirable alianza de los Corazones!.
5. Proclamemos en el mes de junio las palabras de las letanías:Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad...Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibidos...Nos unimos en esta oración con María, que conoce mejor que nadie esta "plenitud" y sabe tomar de ella más plenamente.
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CORAZON DE JESUS
EN QUIEN EL PADRE HALLO SUS COMPLACENCIAS
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1. Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias.Rezando así, particularmente ahora, en el mes de junio, meditamos en aquella complacencia eterna que el Padre tiene en el Hijo: Dios en Dios, Luz en Luz.Esa complacencia significa también Amor: este Amor al que todo lo que existe le debe su vida: sin Él, sin Amor, y sin el Verbo- Hijo, "no se hizo nada de cuanto se ha hecho". (Jn 1, 3).Esta complacencia del Padre encontró su manifestación en la obra de la creación, en particular en la del hombre, cuando Dios "vio lo que había hecho y he aquí que era bueno ... era muy bueno" (cf. Gn 1, 31)
¿No es, pues, el Corazón de Jesús ese "punto" en el que también el hombre puede volver a encontrar plena confianza en todo lo creado? Ve los valores, ve el orden y la belleza del mundo. Ve el sentido de la vida.
2. Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias. Nos dirigimos a la orilla del Jordán.Nos dirigimos al monte Tabor. En ambos acontecimientos descritos por los Evangelistas se oye la voz de Dios invisible, y es la voz del Padre: "Este es mi hijo amado, en quien tengo mi
complacencia. Escuchadle." (Mt 17, 5)La eterna complacencia del Padre acompaña al Hijo, cuando El se hizo hombre, cuando acogió la misión mesiánica a desarrollar en el mundo, cuando decía que su comida era cumplir la voluntad del Padre.
Al final Cristo cumplió esta voluntad haciéndose obediente hasta la muerte de cruz, y entonces esa eterna complacencia del Padre en el Hijo, que pertenece al íntimo misterio del Dios- Trimo, se hizo parte de la historia del hombre. En efecto, el Hijo mismo se hizo hombre y en cuanto tal tuvo un corazón de hombre, con el que amó y respondió al amor. Antes que nada al amor del Padre.
Y por eso en este corazón, en el Corazón de Jesús, se concentró la complacencia del Padre.Es la complacencia salvífica. En efecto, el Padre abraza con ella- en el corazón de su Hijo- a todos aquellos por los que este Hijo se hizo hombre. Todos aquellos por los que tiene el corazón.
Todos aquellos por los que murió y resucitó.En el Corazón de Jesús el hombre y el mundo vuelven a encontrar la complacencia del Padre.
Este es el corazón de nuestro Redentor. Es el corazón del Redentor del mundo.
3. En nuestro rezo del Angelus Domini unámonos a María. Unámonos a ella, de la que el Hijo de Dios tomó un corazón humano. Pidámosle que nos acerque a Él. Pidamos a Ella, en el corazón del Hijo, acerque al hombre y al mundo la complacencia del Padre, el Amor del Padre, la misericordia de Dios.
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CORAZÓN DE JESÚS
DE CUYA PLENITUD TODOS HEMOS RECIBIDO
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1. Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido.Congregados para rezar el Angelus, nos unirnos a María en el momento de la Anunciación, cuando el Verbo se hizo carne y vino a habitar bajo su Corazón: el Corazón de la Madre.
Nos unimos, pues, al Corazón de la Madre, que desde el momento de la concepción conoce mejor el corazón humano de su divino Hijo: "De su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia", así escribe el Evangelista Juan (Jn. 1, 16).
2. ¿Qué es lo que determina la plenitud del Corazón?¿Cuándo podemos decir que el corazón está pleno? ¿De qué está lleno el Corazón de Jesús? Está lleno de amor.El amor decide sobre esta plenitud del corazón del Hijo de Dios, a la que nos dirigimos hoy en la oración.
Es un Corazón lleno de amor del Padre: lleno al modo divino y al mismo tiempo humano. En efecto, el Corazón de Jesús es verdaderamente el corazón humano de Dios- Hijo. Está, pues, lleno de amor filial: todo lo que Él ha hecho y dicho en la tierra da testimonio precisamente de ese amor filial.
3. Al mismo tiempo el amor filial del Corazón de Jesús ha revelado- y revela continuamente al mundo el amor del Padre. El Padre, en efecto, "tanto amó al mundo, que le dio su unigénito Hijo" (Jn 3, 16) para la salvación del hombre, para que él "no perezca, sino que tenga la vida eterna" (ib.).
El Corazón de Jesús está por tanto lleno de amor al hombre. Está lleno de amor a la creatura. Lleno de amor al mundo. ¡Está totalmente lleno!
Esa plenitud no se agota nunca. Cuando la humanidad gasta los recursos materiales de la tierra, del agua, del aire, estos recursos disminuyen, y poco a poco se acaban.Se habla mucho de este tema relativo a la exploración acelerada de dichos recursos que se lleva al cabo en nuestros días. De aquí derivan advertencias tales como: "No explotar sobre medida".
Muy distinto sucede con el amor. Todo lo contrario sucede con la plenitud del Corazón de Jesús. No se agota nunca, ni se agotará jamás.
De esta plenitud todos recibimos gracia sobre gracia. Sólo es necesario que se dilate la medida de nuestro corazón, nuestra disponibilidad para sacar de esa sobreabundancia de amor.Precisamente para esto nos unimos al Corazón de María.Cf. n. 15 (15 de junio, 1986)
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CORAZÓN DE JESÚS
DESEO DE LOS ETERNOS COLLADOS
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1. Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados...A lo largo de estos domingos, cuando nos congregamos para la plegaria del mediodía, rezamos
las letanías del Sagrado Corazón en unión particular con la Madre de Jesús.
El Angelus dominical es, en efecto, nuestra cita de oración con María. Junto con Ella recordamos la Anunciación, que fue ciertamente un acontecimiento decisivo en su vida.
Y he aquí que, en el centro de este acontecimiento, descubrimos el Corazón. Se trata del amor del Hijo de Dios, que desde el momento de la Encarnación comienza a desarrollarse bajo el Corazón de la Madre junto con el Corazón humano de su Hijo.
2. ¿Es este Corazón "deseo" del mundo?Mirando el mundo tal como visiblemente nos rodea, debemos constatar con San Juan que está sometido a la concupiscencia de la carne, a la concupiscencia de los ojos y a la soberbia de la vida (cf. 1 Jn 2, 16).
Y este "mundo" parece estar lejos del deseo del Corazón de Jesús. No comparte sus deseos. Permanece extraño y, a veces, respecto a Él.
Este es el "mundo", del que el Concilio dice que está "esclavizado bajo la servidumbre del pecado" (Gaudiurn et Spes, 2). Y lo dice de acuerdo con toda la revelación, con la Sagrada Escritura y con la Tradición (e incluso, digamos también, con nuestra experiencia humana).
3. Sin embargo, contemporáneamente, el mismo "mundo" ha sido llamado a la existencia por amor del Creador, y este amor le mantiene constantemente en la existencia. Se trata del mundo como el conjunto de las creaturas visibles e invisibles, y en particular "la entera familia humana"
con el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive" (Gaudium et Spes, 2).
Es el mundo que, precisamente a causa de la "servidumbre del pecado", ha sido sometido a la caducidad- como enseña San Pablo- y, por ello, gime y siente dolores de parto, esperando con impaciencia la manifestación de los hijos de Dios, porque sólo por este camino se puede liberar realmente de la esclavitud de la corrupción, para participar de la libertad y de la gloria de los
hijos de Dios (cf. Rm. 8,19- 22).
4. Este mundo- a pesar del pecado y la triple concupiscencia- está orientado al amor, que llena el Corazón humano del Hijo de María.
Y por ello, uniéndonos a Ella, pedimos: Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, lleva a los corazones humanos, acerca a nuestro tiempo esa liberación que está en el Evangelio, en tu cruz y resurrección: ¡Que está en tu Corazón!.
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CORAZÓN DE JESÚS
PACIENTE Y DE MUCHA MISERICORDIA
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1. ¡Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia!Hoy, con ocasión de la oración del Angelus, deseamos releer una vez más, junto con María, el Evangelio; en cierto sentido lo releemos todo entero, e inmediatamente. En él aparece el Corazón de Jesús, paciente e inmensamente misericordioso.
¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que "pasó haciendo bien" a todos (cf. Hch 10, 38)? ¿De Aquel que hizo que los ciegos adquiriesen la vista, los cojos caminasen, los muertos resucitasen?
¿Qué a los pobres se les anunciara la Buena Nueva (Cf. Lc 7, 22)
¿No es tal vez así el Corazón de Jesús, que no tenía Él mismo dónde reclinar la cabeza, mientras que los lobos tienen sus guaridas y los pájaros sus nidos (cf. Mt. 8, 20)?
¿No es tal vez así el Corazón de Jesús, que defendió a la mujer adúltera de la lapidación y luego le dijo: "Vete, y desde ahora en adelante no peques más" (cf. Jn 8, 3- 10)?¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que fue llamado "amigo de publicanos y pecadores" (cf. Mt 11, 19)?
2. ¡Miremos, junto con María, el interior de este Corazón!¿Releámoslo a lo largo del Evangelio!Más aún, sobre todo releamos este Corazón en el momento de la crucifixión. Cuando ha sido traspasado por la lanza. Cuando se ha desvelado hasta el fondo el misterio en El escrito.
El Corazón paciente, porque está abierto a todos los sufrimientos del hombre. ¡El Corazón paciente, porque está dispuesto El mismo a aceptar un sufrimiento inconmensurable con metro humano.
¡El Corazón paciente, porque es inmensamente misericordioso!
En efecto, ¿qué es la misericordia, sino esa medida particularísima del amor, que se expresa en el sufrimiento?¿Qué es, en efecto, la misericordia sino esa medida definitiva del amor, que desciende al centro mismo del mal para vencerlo con el bien?¿Qué es sino el amor que vence el pecado del mundo mediante el sufrimiento y la muerte?
3. ¡Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia!¡Madre, que has mirado en este Corazón, cuando estabas presente al pie de la cruz!Madre que, por voluntad de este Corazón, te has hecho Madre de todos nosotros.
¿Quién conoce como Tú el misterio del Corazón de Jesús en Belén, en Nazaret, en el Calvario?¿Quién como Tú sabe que es paciente e inmensamente misericordioso?¿Quién como Tú da testimonio incesantemente de ello?
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CORAZÓN DE JESÚS
RICO PARA TODOS LOS QUE TE INVOCAN
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1. ¡Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan!Nos recogemos hoy durante la oración del Angelus para recordarte, oh Madre de Cristo, el
acontecimiento que tuvo lugar en Caná de Galilea.
Esto ocurrió al comienzo de la actividad mesiánica. Jesús había sido invitado, contigo y sus primeros discípulos, a las bodas. Y cuando faltó el vino, Tú, María, dijiste a Jesús: Hijo, "no tienen vino" (Jn 2, 3).
Tú conocías su corazón. Sabías que es generoso para aquellos que lo invocan.
Con tu oración en Caná de Galilea hiciste que el Corazón de Jesús se revelase en su generosidad.
2. Este es el Corazón generoso, puesto que en El habita efectivamente la plenitud: la plenitud de la divinidad habita en Cristo verdadero hombre: y Dios es amor.Es generoso porque ama, y amar quiere decir prodigar, quiere decir dar. Amar quiere decir ser don. Quiere decir ser para los demás, ser para todos, ser para cada uno.
Para cada uno que llama. Llama a veces, incluso sin palabras. Llama por el hecho de poner al descubierto toda su verdad, y, en esta verdad, llama al amor.
La verdad tiene la fuerza de llamar al amor. Mediante la verdad todos aquellos que son "pobres de espíritu", que "tienen hambre y sed de justicia" que, ellos mismos, "son misericordiosos" tienen la fuerza de llamar al amor.
Todos ellos - y tantos otros más - tienen un maravilloso "poder" sobre el amor. Todos ellos hacen que el amor se comunique, se dé y se manifieste así la generosidad del corazón.Entre todos ellos, Tú, María, eres la primera.
3. ¡Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan! Mediante esta generosidad en amor no se agota, sino que crece. Crece constantemente. Esta es la naturaleza misteriosa del amor. Y este es también el misterio del Corazón de Jesús, que es generoso para con todos.Se abre a todos y a cada uno. Se abre completamente por sí mismo. Y en esta generosidad no se
agota. La generosidad del Corazón da testimonio de que el amor no está sometido a las leyes de la muerte, sino a las leyes de la resurrección y la vida. Da testimonio de que el amor crece con el amor. Esa es su naturaleza.
4. De esta verdad sobre el amor, dio testimonio en nuestros tiempos Pablo VI. Su corazón humano cesó de latir aquí, en Castelgandolfo, hace ocho años, en la fiesta de la Transfiguración del Señor.
Su humilde sucesor hace suya la misma verdad sobre el amor, que el difunto Pontífice proclamó con la palabra y con la vida hasta el final, invocando al Corazón divino.
Y por ello, pensando en el Papa Pablo VI, hoy, durante la oración del Angelus, nos unimos de modo particular a María, y decimos: Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan, acoge a tu siervo en tu eterna luz.
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CORAZON DE JESUS
FUENTE DE VIDA Y DE SANTIDAD
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1. ¡Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad!Recordemos cuando Jesús se acercó a la pequeña ciudad de Samaria, llamada Sicar, donde se encontraba una fuente que se remontaba a los tiempos del Patriarca Jacob.
En aquel lugar encontró a una samaritana, que se acercaba para sacar agua de la fuente. Elle dice: "Dame de beber". La mujer responde: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, mujer samaritana?".
Entonces Jesús replicó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a El, y E1 te daría a ti agua viva".Y continuó: "El agua que yo te dé se hará en ti fuente que salte hasta la vida eterna" (cf. Jn. 4, 5-14). ¡Fuente! ¡Fuente de vida y de santidad!
2. En otra ocasión, en el último día de la fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén, Jesús - como escribe también el Evangelista Juan - "gritó, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, según dice la Escritura, ríos de agua viva correrán en su seno". El Evangelista
añade: "Esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en El" (Jn. 7, 37-39).
3. Todos deseamos acercarnos a esta fuente de agua viva.. Todos deseamos beber del Corazón divino, que es fuente de vida y de santidad.
En El nos ha sido dado el Espíritu Santo, que se da constantemente a todos aquellos que con adoración y amor se acercan a Cristo, a su Corazón.
Acercarse a la fuente quiere decir alcanzar el principio. No hay en el mundo creado otro lugar del cual pueda brotar la santidad para la vida humana, fuera de este Corazón, que ha amado tanto. "Ríos de agua viva" han manado de tantos corazones... y ¡manan todavía! De ello dan testimonio los Santos de todos los tiempos.
4. Te pedimos, Madre de Cristo, que seas nuestra Guía al Corazón de tu Hijo. Te pedimos que nos acerques a El y nos enseñes a vivir en intimidad con este Corazón, que es fuente de vida y de santidad.
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CORAZON DE JESUS
PROPICIACION POR NUESTROS PECADOS
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1. Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados.El Corazón de Jesús es fuente de vida, porque por medio de El actúa la victoria sobre la muerte.
Es fuente de santidad, porque en El ha sido vencido el pecado que es adversario de la santidad en el corazón del hombre.
Jesús, que el domingo de resurrección entra por la puerta cerrada, en el Cenáculo, dice a los Apóstoles: "Recibid el Espíritu Santo: a quien perdonáreis los pecados, les serán perdonados" (Jn. 20, 23).
Y diciendo esto, les muestra las manos y el costado, en el que están visibles los signos de la crucifixión. Muestra el costado, lugar del Corazón traspasado por la lanza del centurión.
2. Así pues, los Apóstoles han sido llamados a volver al Corazón, que es propiciación por los pecados del mundo. Y con ellos también nosotros somos llamados.
La potencia de la remisión de los pecados, la potencia de la victoria, sobre e1 mal que alberga en el corazón del hombre, se encierra en la pasión y en la muerte de Cristo Redentor. Un signo particular de esta potencia redentora es precisamente el Corazón.
La pasión de Cristo y su muerte se han apoderado de todo su cuerpo. Se han cumplido mediante todas las heridas, que El ha recibido durante la pasión. Y se han cumplido sobre todo en el Corazón, porque el Corazón agonizaba mientras se apagaba todo el cuerpo. El Corazón se
consumía al ritmo del sufrimiento que producían todas la heridas.
3. En este despojamiento el Corazón ardía de amor. Una llama viva de amor ha consumido el Corazón de Jesús en la cruz.
Este amor del Corazón fue la potencia propiciadora por nuestros pecados. Ello ha superado - y supera para siempre - todo el mal contenido en el pecado, todo el alejamiento de Dios, toda la rebelión de la libre voluntad humana, que se opone a Dios y a su santidad.
El amor que ha consumado el Corazón de Jesús el amor que ha causado la muerte de su Corazón - era y es una potencia invencible. Mediante el amor del Corazón divino, la muerte ha logrado la victoria sobre el pecado. Se ha convertido en fuente de vida y de santidad.
4. Cristo mismo conoce hasta el fondo este misterio redentor de su Corazón. Es testimonio inmediato del mismo. Cuando dice a los Apóstoles: Recibid el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, da testimonio de aquel Corazón que es propiciación por los pecados del mundo.
María, que eres refugio de los pecadores, ¡acércanos al Corazón de tu Hijo!.
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CORAZON DE JESUS
SACIADO DE OPROBIOS
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1. Corazón de Jesús, saciado de oprobios.Las palabras de las letanías del Sagrado Corazón nos ayudan a releer el Evangelio de la Pasión de Cristo.
Repasemos con los ojos del alma aquellos momentos y acontecimientos desde la captura en Getsamaní al juicio de Anás y de Caifás, la encarcelación nocturna, da sentencia matutina del Sanedrín, el tribunal del Gobernador romano, el tribunal de Herodes el galileo, la flagelación, la coronación de espinas, la sentencia de crucifixión, el vía crucis hasta el lugar del Gólgota, y, a través de la agonía sobre el árbol de la ignominia, hasta el último "Todo está cumplido". Corazón de Jesús, saciado de oprobios.
2. Corazón de Jesús - el corazón humano del Hijo de Dios -, tan conocedor de la dignidad de todo hombre, tan conocedor de la dignidad de Dios-Hombre.Corazón del Hijo, que es Primogénito de toda creatura:- tan conocedor de la peculiar dignidad del alma y del cuerpo del hombre,- tan sensible por todo lo que ofende esta dignidad: "saciado de oprobios".
3. Recordemos las palabras de Isaías Profeta: "He aquí a mi Siervo, a quien sostengo yo; mi elegido, en quien se complace mi alma... El dará el derecho a las naciones. No gritará, no hallará recio... No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue" (Is. 42, 1-3)
"Como de El se pasmaron muchos, tan desfigurado estaba su aspecto, que no parecía ser de hombre (Is 52, 14).
"... Varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento, y como uno ante el cual se oculta el rostro, menospreciado sin que le tengamos en cuenta" (Is. 53, 3).
4. ¡Corazón de Jesús, saciado de oprobios!Signo de contradicción... "Y una espada atravesará tu alma..." (Lc. 2, 34-35).
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CORAZON DE JESUS
DESPEDAZADO POR NUESTROS DELITOS
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1. Corazón de Jesús, despedazado por nuestros delitos. Jesús de Nazaret, el que durante la última Cena dijo: "Esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros. Este es el cáliz de mi Sangre derramada por vosotros":
Jesús: sacerdote fiel, que mediante su propia sangre entra en el tabernáculo eterno.
Jesús: sacerdote, que según el orden de Melquisedec nos deja su sacrificio: haced esto...: ¡Jesús - Corazón de Jesús!.
2. Corazón de Jesús en Getsemaní, que "se entristece hasta la muerte", que siente el "peso" terrible. Cuando dice: "Todo te es posible: aleja de mí este cáliz" (Mc. 14, 36). El sabe, al mismo tiempo, cual es la voluntad del Padre, y no desea otra cosa que cumplirla: derramar el cáliz hasta el fondo.
Corazón de Jesús, despedazado con la eterna sentencia: efectivamente, Dios ha amado tanto al mundo hasta dar su Hijo unigénito...
3. Tantos siglos antes lo habla dicho Isaías:"Pero fue El ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, mientras que nosotros le tuvimos por castigado, herido por Dios y abatido" (ls. 53, 4), El se ha inmolado por nuestros delitos: y, sin embargo, ¿no decían en el Gólgota: Si eres hijo de Dios, baja de esa cruz" (Mt. 27, 40)?
4. Así decían: Y, sin embargo, el Profeta sabía. Y, sin embargo, Isaías decía..., tantos siglos antes: "Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados... Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino: Y Yavé cargó sobre El la iniquidad de todos nosotros... Fue arrancado de la tierra de los vivientes y herido de muerte por el crimen de su pueblo"(Is. 53, 5-8)
5. ¡Despedazado por nuestros delitos!Corazón de Jesús, despedazado por los pecados...Los sufrimientos de la agonía abrazan gradualmente todo el cuerpo del Crucificado. Lentamente la muerte llega al corazón.
Jesús dice: "Todo está cumplido". "Padre, en tus manos entrego mi espíritu" (Lc. 23, 46).¿Cómo iban a cumplirse las escrituras diversamente?¿Cómo iban a cumplirse diversamente las palabras del Profeta que dice: "El justo, mi Siervo, justificará a muchos... Se cumplirá por su medio la voluntad del Señor" (Cf. Is. 53-11)?¡La voluntad del Padre! ¡No la mía, sino tu voluntad!6. Nos hemos unido en la oración contigo, Madre de Cristo: contigo, que has participado en sus sufrimientos ("condoluit")... Tú nos conduces al Corazón de tu Hijo agonizante en la cruz: cuando en su despojamiento se revela hasta el fondo como Amor.
Oh Tú, que has participado en sus sufrimientos, permítenos perseverar siempre abrazando este misterio. ¡Madre del Redentor! ¡Acércanos al Corazón de tu Hijo!
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CORAZON DE JESUS
HECHO OBEDIENTE HASTA LA MUERTE
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"Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros".Queridos hermanos y hermanas: esta invocación de las Letanías del Sagrado Corazón nos invita hoy a contemplar el Corazón de Cristo obediente. Toda la vida de Jesús está bajo el signo de una perfecta obediencia a la voluntad del Padre, suprema y coeterna fuente de su ser (cf. Jn. 1, 1-2): uno solo es su poder y su gloria, una sola su sabidurías es recíproco su infinito amor. Por esta comunión de vida y de amor, el Hijo se adhiere plenamente al proyecto del Padre, que, quiere la salvación del hombre mediante el hombre: en ¡a "plenitud de los tiempos" nace de la Virgen Madre (cf. Ga 4, 4) con un corazón obediente, para reparar el daño causado al género humano por el corazón desobediente de los primeros padres.Por eso, al entrar en el mundo Cristo dice: "He aquí que vengo... a hacer, oh Dios, tu voluntad" (Hb. 10, 7). ¡ "Obediencia" es el nuevo nombre del "amor"!
2. Los Evangelios nos muestran a Jesús, en el transcurso de su vida, siempre dedicado a hacer la voluntad del Padre. A María y José, que durante tres días, afligidos, lo habían buscado, Jesús, que tenía doce años, les responde: "¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debía estar en la
casa de mi Padre? (Lc. 2, 49). Toda su existencia está dominada por este "yo debo" que determina sus opciones y guía su actividad. A los discípulos dirá un día: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Jn. 4, 34); y les enseñará a orar así: "Padre Nuestro... hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo" (Mt. 6, 10).
3. Jesús obedece hasta la muerte (cf. Fil. 2, 8), aunque nada le resulte tan radicalmente opuesto como la muerte, ya que El es la fuente misma de la vida (cf. Jn. 11, 25-26).
En aquellas horas trágicas el sobrevienen, inquietantes, el desconsuelo y la angustia (cf. Mt. 26, 37), el miedo y la turbación (cf. Mc. 14, 33), el sudor de sangre y las lágrimas (Cf. Lc. 22, 44).
Luego, en la cruz, el dolor desgarra su cuerpo traspasado. La amargura - del rechazo, de la traición, de la ingratitud, llena su Corazón. Pero sobre todo domina la paz de la obediencia. "No se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc. 22, 42). Jesús recoge las fuerzas extrañas y, casi sintetizando su vida, pronuncia la última palabra: "Todo está cumplido" (Jn. 19, 30).
4. Al alba, al mediodía y al atardecer del Señor Jesús, late en su corazón un sólo deseo: hacer la voluntad del Padre. Contemplando esta vida, unificada por la obediencia filial al Padre, comprendemos las palabras del Apóstol: "Por la obediencia de uno sólo todos serán constituidos justos" (Rom. 5, 19), y la otra, misteriosa y profunda, de la Carta a los Hebreos: "Aún siendo
Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia: y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen" (5, 8-9).
Que María Santísima, la Virgen del "hágase" tembloroso y generoso, nos ayude también a nosotros a "aprender" esta lección fundamental.
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CORAZÓN DE JESÚS
PERFORADO POR UNA LANZA
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"Corazón de Jesús, perforado por un lanza, ten piedad de nosotros".
1. Pocas páginas del Evangelio a los largo de los siglos han atraído la atención de los místicos, de los escritores espirituales y de los teólogos, tanto como el pasaje del Evangelio de San Juan que nos narra la muerte gloriosa de Cristo y la escena en que le atraviesan el costado (cf. Jn 19, 23-
37). En esa página se inspira la invocación de las Letanías, que he recordado hace un momento.En el corazón atravesado contemplamos la obediencia filial de Jesús al Padre, cuya misión Él realizó con valentía (cf. Jn 19, 30) y su amor fraterno hacia los hombres, a quienes Él "amó hasta
el extremo " (Jn 13, 1), es decir, hasta el extremo sacrificio de Sí mismo. El corazón atravesado de Jesús es el signo de la totalidad de este amor en dirección vertical y horizontal, como los dos brazos de la cruz.
2. El corazón atravesado es también el símbolo de la vida nueva, dada a los hombres mediante el Espíritu y los sacramentos. En cuanto el soldado le dio el golpe de gracia, del costado herido de Cristo "al instante salió sangre y agua" (Jn 19, 34). La lanzada atestigua la realidad de la muerte de Cristo. Él murió verdaderamente, como había nacido verdaderamente y como resucitará verdaderamente en su misma carne (cf. Jn 20, 24, 27). Contra toda tentación antigua o moderna del docetismo, de ceder a la "apariencia", el Evangelista nos recuerda a todos la cruda certeza de la realidad. Pero al mismo tiempo tiende a profundizar el significado del acontecimiento salvífico y a expresarlo a través del símbolo. Él, por tanto, en el episodio de la lanzada, ve un profundo significado: como de la roca golpeada por Moisés brotó en el desierto un manantial de agua (cf. Nm 20, 8-11), así del costado de Cristo, herido por la lanza, brotó un torrente de agua para saciar la sed del nuevo pueblo de Dios. Este torrente es el don del Espíritu, (cf. Jn 7, 37-39), que alimenta en nosotros la vida divina.
3. Finalmente, del Corazón atravesado de Cristo brota la Iglesia. Como del costado de Adán que dormía fue extraída Eva, su esposa, así - según una tradición patrística que se remonta a los primeros siglos - , del costado abierto del Salvador, que dormía sobre la cruz en el sueño de la muerte, fue extraída la Iglesia, su esposa. Esta se forma precisamente del agua y de la sangre,- Bautismo y Eucaristía -, que brotan del Corazón traspasado. Por eso, con razón afirma la Constitución conciliar sobre la liturgia: "Del costado de Cristo dormido en la cruz, nació el sacramento admirable de la Iglesia entera" (Sacrosanctum Concilium, 5).
4. Junto a la Cruz, advierte el Evangelista, se encontraba la Madre de Jesús (cf. Jn 19, 25). Ella vió el Corazón abierto del que fluían sangre y agua - sangre tomada de su sangre -, y comprendió que la sangre del Hijo era derramada por nuestra salvación. Entonces comprendió hasta el fondo el significado de las palabras que le Hijo le había dirigido poco antes: "Mujer, he ahí a tu hijo" (Jn 19, 26): la Iglesia que brotaba del Corazón atravesado era confiada a sus cuidados de Madre.Pidamos a María que nos ayude a sacar cada vez más abundantemente agua de los manantiales de gracia que fluyen del Corazón atravesado de Cristo.
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CORAZÓN DE JESÚS,
FUENTE DE TODA CONSOLACIÓN
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"Corazón de Jesús, fuente de toda consolación, ten piedad de nosotros."
1. Dios, Creador del cielo y de la tierra, es también el "Dios de toda consolación" (2 Co 1, 3; cf. Rom 15, 5). Numerosas páginas del Antiguo Testamento nos muestran a Dios que, en su gran ternura y compasión, consuela a su pueblo en la hora de la aflicción. Para confortar a Jerusalén, destruida u desolada, el Señor envía a sus profetas a enviar un mensaje de consuelo: "Consolad, consolad a mi pueblo... Hablad al corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha cumplido su milicia." (Is 40. 1-2); y
dirigiéndose a Israel oprimido por el temor de sus enemigos, declara: "Yo soy tu consolador" (Is 51, 12); e incluso, comparándose con una madre llena de ternura para sus hijos, manifiesta su voluntad de llevar paz, gozo y consuelo a Jerusalén: "Alegraos , Jerusalén y regocijaos por ella los que la amáis... de modo que os hartéis de sus consuelos... Como a quien su madre le consuela, así yo os consolaré, y por Jerusalén seréis consolados" (Is 66, 10. 11. 13).
2. En Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, nuestro hermano, el "Dios - que - consuela" se hizo presente entre nosotros. Así lo indicó primeramente el justo Simeón, que tuvo la dicha de acoger entre los brazos al niño Jesús y de ver en Él realizada "la condolación de Israel" (Lc. 2, 25). Y; en toda la vida de Cristo, la predicación del Reino fue un ministerio de consolación: anuncio de un alegre mensaje a los pobres, proclamación de libertad a los oprimidos, de curación a los enfermos, de gracia y de salvación a todos (cf. Lc 4, 16-21; Is 61, 1-2).
Del Corazón de Cristo brotó una tranquilizadora bienaventuranza: "Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados" (Mt 5, 5), así como la tranquilizadora invitación: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso" (Mt 11, 28).
La consolación que provenía del Corazón de Cristo era participación en el sufrimiento humano, voluntad de mitigar el ansía y aliviar la tristeza, y digno concreto de amistad. En sus palabras y en sus gestos de consolación se unían admirablemente la riqueza del sentimiento y la eficacia de la acción. Cuando, cerca de la puerta de la ciudad de Naím, vio a una viuda que acompañaba al sepulcro a su único hijo. Jesús compartió su dolor: "Tuvo compasión de ella" (lc 7, 13), tocó el féretro, ordenó al joven que se levantara y lo restituyó a su madre (cf. Lc 7, 14-15).
3. El Corazón del Salvador es también, más aún, principalmente "fuente de consuelo", porque Cristo, juntamente con el Padre, dona el Espíritu Consolador: "Yo pediré al Padre y os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre" (Jn 14, 16: cf. 14, 25; 16, 12): Espíritu de verdad y de paz, de concordia y de suavidad, de alivio y de consuelo: Espíritu que brota de la Pascua de Cristo (cf. Jn 19, 28-34) y del evento de Pentecostés (cf. Hch 2, 1-13).
4. Toda la vida de Cristo fue por ello un continuo ministerio de misericordia y de consolación. La Iglesia, contemplando el Corazón de Cristo y las fuentes de gracia y de consolación que de Él manan, ha expresado esta realidad estupenda con la invocación: "Corazón de Cristo, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros".Esta invocación es recuerdo de la fuente de la que, a lo largo de los siglos, la Iglesia ha recibido consolación y esperanza en la hora de la prueba y de la persecución; es invitación a buscar en el Corazón de Cristo la consolación verdadera, duradera y eficaz, es advertencia para que, tras haber experimentado la consolación del Señor, nos convirtamos también nosotros en convencidos y conmovidos portadores de ella, haciendo nuestra la experiencia espiritual que hizo decir al Apóstol Pablo: el Señor "nos consuela en toda tribulación nuestra para poder consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios" (2 Co 1, 4). Pidamos a María, Consoladora de los afligidos, que, en los momentos oscuros de tristeza y
angustia, nos guíe a Jesús, su Hijo amado, "fuente de todo consuelo".
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CORAZÓN DE JESÚS,
VIDA Y RESURRECCIÓN NUESTRA
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"Cor Jesu, vita et resurectio nostra, ten piedad de nosotros".
1. Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón, fuerte y convencida como un acto de fe, encierra en una frase lapidaria todo el misterio de Cristo Redentor; nos recuerda las palabras dirigidas por Jesús a Marta, afligida por la muerte de su hermano Lázaro: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá" (Jn 11, 25).
Jesús es la vida que brota eternamente de la vida divina fuente del Padre: "En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios... En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres" (Jn 1, 1.4).Jesús es vida en Sí mismo: "Como el Padre tiene Vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo" (Jn 5, 26). En el íntimo ser de Cristo, en su Corazón, la vida divina y la vida humana se unen armónicamente, en plena e inseparable unidad.Pero Jesús es también vida para nosotros. "Dar la vida" es el objetivo de la Misión que Él, Buen Pastor, recibió del Padre: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10).
2. Jesús es también la resurrección. Nada es radicalmente a la santidad de Cristo - el Santo Señor (cf. Lc 1, 35: Mc 1, 24) - como el pecado; nada es tan opuesto a Él, fuente de vida como la muerte. Un vínculo misterioso une pecado y muerte (cf. Sb 2, 24; Rm 5, 12; 6, 23; etc): ambas son realidades esencialmente contrarias al proyecto de Dios sobre el hombre, que no fue hecho para la muerte sino para la vida. Ante toda expresión de muerte, el Corazón de Cristo se conmovió profundamente, y por amor al Padre y a los hombres, sus hermanos, hizo de su vida un "prodigioso duelo" contra la muerte (Misal Romano, Secuencia de Pascua): con una palabra restituyó la vida física a Lázaro, al hijo de la vida de Naín, a la hija de Jairo, con la fuerza de su amor misericordioso devolvió la vida espiritual a Zaqueo, a María Magdalena, a la adúltera y a cuantos supieron reconocer su presencia salvadora.
3. Hermanos y hermanas: Nadie como María ha experimentado que el Corazón de Jesús es "vida y resurrección": De Él, vida, María recibió la vida de la gracia original y, en la escucha de su palabra y en la observación atenta de sus gestos salvíficos, pudo custodiarla y nutrirla.Por Él, resurrección, Ella fue asociada de modo singular a la victoria sobre la muerte: el misterio de su Asunción en cuerpo y alma al cielo es el consolador documento de que la victoria de Cristo, sobre el pecado y sobre la muerte se prolonga en los miembros de su Cuerpo Místico, y, como primero entre todos, en María, "miembro excelentísimo" de la Iglesia (Lumen Gentium, 53).
Glorificada en el cielo, la Virgen está, con su Corazón de Madre, al servicio de la redención obrada pro Cristo... "Madre de la vida", está cerca de toda mujer que da a luz un hijo; está a lado de toda fuente bautismal, donde, por el agua y por el Espíritu (cf. Jn 3, 5) nacen los miembros de Cristo; "Salud de loso enfermos", está en donde la vida se consume por el dolor y la enfermedad; "Madre de misericordia", Ella llama a quien ha caído bajo el peso de la culpa para que vuelva a las fuentes de la vida; "Refugio de los pecadores", señala, a quienes se había alejado de Él, el camino que conduce a Cristo; "Virgen dolorosa", junto al Hijo que muere (cf. Jn 19, 25, Ella está en donde la vida se apaga.Invoquémosla con al Iglesia: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte".
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CORAZON DE JESUS,
PAZ Y RECONCILIACION NUESTRA
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"Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros".
1. Queridos hermanos y hermanas: Rezando con fe esta hermosa invocación de las letanías del Sagrado Corazón, un sentimiento de confianza y de seguridad se difunde en nuestro espíritu: Jesús es de verdad nuestra paz, nuestra suprema reconciliación.Jesús es nuestra paz. Es bien conocido el significado bíblico del término "paz": indica, en síntesis, la suma de los bienes que Jesús, el Mesías, ha traído a los hombres. Por esto, el don de la paz marca el inicio de su misión sobre la tierra, acompaña su desarrollo y constituye su coronamiento. "Paz cantan los ángeles junto al pesebre del recién nacido "Príncipe de la Paz" (cf. Lc 2, 14; Is 9, 5). "Paz" es el deseo que brota del Corazón de Cristo, conmovido ante la miseria del hombre enfermo en el cuerpo (cf. Lc 8, 48) o en el espíritu (cf. Lc 7, 50). "Paz" es el saludo luminoso del Resucitado a sus discípulos (cf. Lc 24, 36; Jn 20, 19, 26), que Él, en el momento de dejar esta tierra, confía a la acción del Espíritu, manantial de "amor, alegría, paz" (Ga 5, 22).
2. Jesús es, al mismo tiempo nuestra reconciliación. Como consecuencia del pecado se produjo una profunda y misteriosa fractura entre Dios, el Creador y el hombre, su creatura. Toda la historia de la salvación no es más que la narración admirable de las intervenciones de Dios en favor del hombre a fin de que éste, en la libertad y en el amor, vuelva a Él; a fin de que a la situación de fractura suceda una situación de reconciliación y de amistad, de comunión y de paz.En el Corazón de Cristo, lleno de amor hacia el Padre y hacia los hombres, su hermanos, tuvo lugar la perfecta reconciliación entre le cielo y la tierra: "Fuimos reconciliados con Dios - dice el Apóstol - por la muerte de su Hijo" (Rom 5, 10).Quien quiera hacer la experiencia de la reconciliación y de la paz, debe acoger la invitación del
Señor y acudir a Él (cf. Mt 11, 28). En su Corazón encontrará paz y descanso: allí, su duda se transformará en certidumbre; el ansia, en quietud; la tristeza, en gozo; la turbación, en serenidad. Allí encontrará alivio al dolor, valor para superar el miedo, generosidad para no rendirse al
envilecimiento y para volver a tomar el camino de la esperanza.
3. El Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo. También la Bienaventurada Virgen es para la Iglesia una presencia de paz y de reconciliación: ¿No es Ella quien, por medio del ángel Gabriel, recibió el mayor mensaje de reconciliación y de paz que Dios haya jamás enviado al género humano (cf. Lc 1, 26-38)?María dio a luz a aquel que es nuestra reconciliación; Ella estaba al pie de la cruz cuando, en la sangre del Hijo de dios reconcilió "Con Él todas las cosas" (Col 1, 20); ahora, glorificada el en
cielo, tiene - como recuerda una plegaria litúrgica - "un corazón lleno de misericordia hacia los pecadores, que, volviendo la mirada a su caridad materna, en Ella se refugian e imploran el perdón" de Dios (cf. Misal. Prefacio de Beata María Virgine).Que María, Reina de la Paz, nos obtenga de Cristo el don mesiánico de la paz y la gracia de la reconciliación, plena y perenne, con Dios y con los hermanos. Por esto la imploramos.
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CORAZON DE JESUS,
VICTIMA DE LOS PECADORES
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"Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros"
1. Muy queridos hermanos y hermanas: Esta invocación de la letanías del Sagrado corazón nos recuerda que Jesús, según la palabra del Apóstol Pablo, "fue entregado por nuestros pecados" (Rm 4, 25); pues, aunque Él no había cometido pecado, "Dios le hizo pecado por nosotros" (2 Co 5, 21). Sobre el Corazón de Cristo gravó, enorme, el peso del pecado del mundo.
En Él se cumplió de modo perfecto la figura del "cordero pascual", víctima ofrecida por Dios para que en el signo de la sangre fuesen liberado de la muerte los primogénitos de los hebreos (cf. Ex 12, 21-27). Por tanto, justamente Juan Bautista reconoció en Él al verdadero "cordero de Dios" (Jn 1, 29): cordero inocente, que había tomado sobre sí el pecado del mundo para sumergirlo en las aguas saludables del Jordán (cf. Mt 3, 13-16) y paralelos); cordero manso, "al degüello era llevado, y como oveja que ante las que los que la trasquilan está muda" (Is 53, 7), para que por su divino
silencio quedase las palabras soberbias de loas hombres inicuos.
Jesús es víctima voluntaria, porque se ofreció libremente a su pasión (Misal Romano, Plegaria eucarística II), como víctima de expiación por los pecados de los hombres (cf. Lv 1, 4: Hb 10, 5-10) que consumió en el fuego de su amor.
2. Jesús es víctima eterna. Resucitó de la muerte y glorificado a la derecha del Padre, Él conserva en su cuerpo inmortal las señales de las llagas, de las manos y de los pies taladrados, del costado traspasado (cf. Jn 20, 27; Lc 24, 39-40) y los presentan al Padre en su incesante plegaria de la intercesión a favor nuestro (cf. Hb 7, 25: Rm 8, 34).
La admirable Secuencia de la Misa de Pascua, recordando ese dato de nuestra fe, exhorta:"A la víctima pascual elevemos hoy el sacrificio de alabanza. El cordero ha redimido a su grey.
El inocente nos ha reconciliado a nosotros pecadores con el Padre" (Secuencia Victimae Paschali, estrofa 1).
Y el prefacio de esa misma solemnidad proclama: Cristo es "el verdadero cordero que quitó el pecado del mundo, muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida".
3. Hermanos y hermanas: En esta hora de la plegaria mariana hemos contemplado el Corazón de Jesús víctima de nuestros pecados; pero antes que todos y más profundamente que todos lo contempló su Madre dolorosa, de la que la liturgia canta: "Por los pecados de su pueblo Ella vio
a Jesús en los tormentos del duro suplicio" (Secuencia Stabat Mater, estrofa 7).En la proximidad de la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María Dolorosa, recordemos esta presencia intrépida e intercesora de la Virgen bajo la cruz del Calvario, y pensemos con inmensa gratitud que, en aquel momento, Cristo, que estaba para morir, víctima de los pecados del mundo, nos la confió como Madre: "Ahí tienes a tu Madre" (Jn 19, 27).Confiemos a María nuestra plegaria, mientras decimos a su Hijo Jesús: Corazón de Jesús, víctima de nuestros pecados, acoge nuestra alabanza, la gratitud perenne, el arrepentimiento sincero. Ten piedad de nosotros hoy y siempre. Amén.
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CORAZON DE JESUS,
SALVACION DE LOS QUE EN TI ESPERAN
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¡Amadísimos hermanos y hermanas!
1. A esta hora del Angelus detengámonos durante algunos instantes para reflexionas sobre esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón que dice: "Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros".En la Sagrada Escritura aparece constantemente la afirmación según la cual el Señor es "un Dios que salva" (cf. Ex 15-2; Sal 51, 16; 79, 9; Is 46, 13); y la salvación es un don gratuito de su amor y de su misericordia. El Apóstol Pablo, en un texto de alto valor doctrinal afirma incisivamente: Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tim 2, 4; cf 4, 10).Esta voluntad salvífica, que se ha manifestado en tantas intervenciones admirables de Dios en al historia, ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret, Verbo Encarnado, Hijo de Dios e Hijo de María, pues en Él se ha cumplido con la plenitud la palabra dirigida por el Señor a su "Siervo": "Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra" (Is 14, 6; cf. Lc 2, 32).
2. Jesús es la epifanía del amor salvífico del Padre (cf. Tt 2, 11; 3, 4). Cuando Simón tomó en sus brazos al niño Jesús, exclamó: "Han visto mis ojos tu salvación" (Lc 2, 30).En efecto, en Jesús todo está en función de su misión de Salvador: el nombre que lleva ("Jesús", significa "Dios salva"), las palabras que pronuncia, las acciones que realiza y los sacramentos que
instituye.Jesús es plenamente consciente de la misión que el Padre le ha confiado: "el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido" (Lc 19, 10). De su corazón, es decir, del núcleo más íntimo de su ser, brota ese celo por la salvación del hombre que lo impulsa a subir, como manso cordero, al monte del Calvario, a extender sus brazos en la cruz y a "dar su vida como rescate por muchos" (Mt 10, 45).En el Corazón de Cristo podemos, por tanto, colocar nuestra esperanza. Ese corazón - dice la invocación - es salvación "para los que esperan en Él". El Señor mismo que, la víspera de su pasión, pidió a los Apóstoles que tuvieran confianza en Él - "No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí (Jn 14, 1) - hoy nos pide a nosotros que confiemos plenamente en Él: nos lo pide porque nos ama; porque, para nuestra salvación, tiene su Corazón traspasado y sus pies y manos perforados. Quien confía en Cristo y renueva el poder de su amor renueva en sí la experiencia de María Magdalena, como nos lo presenta la liturgia pascual: "Cristo, esperanza mía, ha resucitado" (Domingo de Pascua, Secuencia).¡Refugiémonos, por consiguiente, en el Corazón de Cristo! Él nos ofrece una palabra que no pasa (cf. Mt 24, 25), un amor que no desfallece, una amistad que no se resquebraja, una presencia que no cesa (cf. Mt 28, 20).
Que la Bienaventurada Virgen, "que acogió en su corazón inmaculado al Verbo de Dios y mereció concebirlo en su seno virginal" (cf. Prefacio de la Misa votiva de la Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia) nos enseña a poner en el corazón de su Hijo nuestra total esperanza, con la certeza de que ésta no quedará defraudada.
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CORAZON DE JESUS,
ESPERANZA DE LOS QUE EN TI MUEREN
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Amadísimos hermanos y hermanas:
1. La reciente conmemoración de todos los fieles difuntos nos invita hoy a contemplar, bajo una luz de fe y de esperanza, la muerte del cristiano, para la que las letanías del Sagrado Corazón - objeto de nuestras reflexiones en anteriores encuentros dominicales - nos ponen en los labios la invocación: "Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros".
La muerte forma parte de la condición humana: es el momento terminal de la fase histórica de la vida. En la concepción cristiana, la muerte es un paso: de la luz creada a la luz increada, de la vida temporal a la vida eterna.
Ahora bien, si el Corazón de Cristo es la fuente de la que el cristiano recibe la luz y alegría para vivir como hijo de Dios, ¿a qué otra fuente se dirigirá para sacar la fuerza necesaria para morir de modo coherente con su fe? Como "vive en Cristo", así no puede menos de "morir en Cristo".
La invocación de las letanías recoge la experiencia cristiana ante el acontecimiento de la muerte: El Corazón de Cristo, su amor y misericordia, son esperanza y seguridad para quien
muere en Él.
2. Pero conviene que nos detengamos un momento a preguntarnos: ¿Qué significa morir en Cristo"? Significa ante todo, amadísimos hermanos y hermanas, leer el evento desgarrador y misterioso de la muerte a la luz de las enseñanzas del Hijo de Dios y verlo, por ello, como el momento de la partida hacia la cada del Padre, donde Jesús, pasando también Él a través de la muerte, ha ido a prepararnos un lugar (cf. Jn 14, 2); es decir significa creer que, a pesar de la destrucción de nuestro cuerpo, la muerte es premisa de vida y fruto abundante (cf. Jn 12, 24).
"Morir en Cristo" significa, además confiar en Cristo y abandonarse totalmente a Él, poniendo en sus manos - de hermano, de amigo, de buen Pastor - (cf. Lc. 23, 46). Significa cerrar los ojos a la luz de este mundo en la paz, en la amistad, en la comunión con Jesús, porque nada, "ni la muerte ni la vida... podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rm 8, 38, 39). En aquella hora suprema, el cristiano sabe que, aunque el corazón le reproche algunas culpas, el Corazón de Cristo es más grande que el suyo y puede borrar toda su deuda si él está arrepentido (cf. Jn 3, 20).
3. "Morir en Cristo - significa también, queridos hermanos y hermanas, fortificarse para aquel momento decisivo con los "signos santos" del "paso pascual": el sacramento de la Penitencia, que nos reconcilia con el Padre y con todas las creaturas; el santo Viático, el Pan de vida y medicina de inmortalidad; y la Unción de los enfermos, que da vigor al cuerpo y al espíritu para el combate supremo.
"Morir en Cristo" significa finalmente, "morir como Cristo": orando y perdonando; teniendo junto así a la bienaventurada Virgen. Como madre, Ella estuvo junto a la cruz de su Hijo (cf. Jn 19, 25); como madre está al lado de sus hijos moribundos, Ella que, con el sacrificio de su corazón, cooperó a engendrarlos a la vida de la gracia (cf. Lumen Gentium, 53); está al lado de ellos, presencia compasiva y materna, para que del sufrimiento de la muerte nazcan a la vida de la gloria.