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Pensamientos del Padre Pio



¡Oh, qué precioso es el tiempo!
Felices los que saben aprovecharlo, porque todos, en el día del juicio, tendremos que dar cuenta rigurosísima de ello al Juez supremo.
¡Oh, si todos llegasen a comprender el valor del tiempo!
¡Seguro que se esforzarían por usarlo de forma digna de encomio!
Deberemos dar cuenta rigurosísima de cada minuto,
de cada actuación de la gracia, de cada santa inspiración,
de cada ocasión que se nos presentaba de hacer el bien.
¡La más pequeña transgresión de la santa ley de Dios será tenida en cuenta!
Hagamos el bien mientras disponemos del tiempo,
y daremos gloria a nuestro Padre del cielo,
nos santificaremos a nosotros mismos,
y daremos buen ejemplo a los demás.
¡Piensa siempre que Dios lo ve todo!
*
No lo olvidéis: el eje de la perfección es el amor.
Quien está centrado en el amor, vive en Dios, porque Dios es Amor,
como lo dice el Apóstol.
El corazón de nuestro divino Maestro no conoce más que la ley del amor,
la dulzura y la humildad.
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Poned vuestra confianza en la divina bondad de Dios,
y estad seguros de que la tierra y el cielo fallarán
antes que la protección de vuestro Salvador.
Caminad sencillamente por la senda del Señor, no os torturéis el espíritu.
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La oración es la mejor arma que tenemos;
es la llave al corazón de Dios.
Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón.
En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón...”
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Cuanto más te vacíes de ti mismo, es decir, de tu amor propio y de toda atadura carnal, entrando en la santa humildad,
más lo comunicará Dios a tu corazón.
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Ama el silencio, porque en el mucho hablar hay siempre algo de culpa. Manténte en el retiro cuanto te sea posible,
porque en el retiro el Señor habla al alma libremente
y el alma está en mejor situación para escuchar su voz.
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Reduce tus visitas y sopórtalas cristianamente cuando te las hagan a ti.
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A Dios se le busca en los libros, se le encuentra en la meditación.
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Hay que liberarse de toda ansiedad,
porque ella es la peor enemiga de la devoción sincera y auténtica.
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Para crecer, necesitamos del pan básico:
la cruz, la humillación, las pruebas y las negaciones.
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Los angeles sólo nos tienen envidia por una cosa:
ellos no pueden sufrir por Dios.
Sólo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad:
Dios mio, mirad cómo os amo.
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El sufrimiento de los males físicos y morales es la ofrenda más digna
que puedes hacer a aquel que nos ha salvado sufriendo.
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Acepta todo dolor e incomprensión y así te perfeccionarás y te santificarás.
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Casi todos vienen a mí para que les alivie la Cruz;
son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a llevarla.
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En todo pobre está Jesús agonizante;
en todo enfermo está Jesús sufriente;
en todo enfermo pobre está Jesús dos veces presente.
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La murmuración me da náuseas.
Tenemos tantos defectos que criticarnos a nosotros mismos
¿Por qué perder tiempo en lo de los hermanos?
*
El demonio es como perro encadenado;
si uno se mantiene a distancia de él, no será mordido.
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Las tentaciones contra la fe y la pureza
son mercancía que ofrece el enemigo;
pero no hay que tenerle miedo sino despreciarlo.
*
La caridad es la reina de las virtudes.
Como el hilo entrelaza las perlas,
así la caridad a las otras virtudes;
cuando se rompe el hilo caen las perlas.
Por eso cuando falta la caridad, las virtudes se pierden.
*
La caridad es la medida con la que el Señor nos juzgará a todos.
*
La humildad y la caridad van de la mano.
La primera glorifica, la otra santifica.
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Manténte siempre con alegría en paz con tu conciencia,
dándote cuenta de que estás al servicio de un Padre infinitamente bueno, que, impulsado sólo por su ternura,
desciende hasta su criatura para elevarla y transformarla en él, su Creador.
*
Y huye de la tristeza,
porque ésta entra en los corazones
que están apegados a las cosas mundanas.
*
Al final de los tiempos me pondré en la puerta del paraíso
y no entraré hasta que no haya entrado el último de mis hijos.
*
La escalera al cielo:
Sin obediencia no hay virtud.
Sin virtud no hay bien.
Sin bien no hay amor.
Sin amor no hay Dios.
Y sin Dios no hay Paraíso.
*
Es difícil hacerse santos.
Difícil pero no imposible.
El camino de la perfección es largo,
como es larga la vida de cada uno.
*
El consuelo es el descanso en el camino; pero, apenas recuperados,
hay que levantarse con solicitud y reemprender la carrera.
*
La palma de la gloria está reservada para el que combate con valentía hasta el fin.
Comencemos, pues, este año, nuestro santo combate.
Dios nos asistirá y nos coronará con un triunfo eterno.
*
Reza, ten fe y no te preocupes.