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¿Por qué mortificarse?


Mortificación es una palabra que viene del latín y quiere decir hacer morir (mortem facere).
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Entre los cristianos se emplea para designar los esfuerzos con que procuramos hacer morir en nosotros el pecado y las malas inclinaciones que nos llevan a él.
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Recordemos las serias palabras que el Señor dirigió a sus discípulos:
"Si alguno quiere venir en pos de mi niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame (Lc 9.23).
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"Quiero haceros notar que esa cruz de cada día es especialmente vuestra lucha cotidiana por ser buenos cristianos que os hace colaboradores en la obra de la Redención de Cristo; de esta manera contribuís a llevar a cabo la reconciliación de todos los hombres y de toda la creación con Dios. Es un hermoso programa de vida, que exige generosidad".
Juan Pablo 11. Buenos Aires. 11-IV-1987.
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El INSTINTO DE LA FELICIDAD
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Vivimos en un mundo que ha hecho del bienestar y del placer los máximos ideales de la vida. Los medios de comnicación y el ambiente en que vivimos son una constante invitación a pasarlo lo mejor posible; a evitar el dolor y a premiarnos con una serie de compensaciones sin las cuales parece que no podríamos sobrevivir.
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Estas llamadas a la felicidad se encuentran en la misma naturaleza del hombre: queremos ser felices no como fruto del capricho, sino porque hay en nuestro interior una especie de instinto que nos impulsa a ello.
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Pero la mortificación cristiana no va contra la felicidad; porqueno se trata de un tributo que debemos pagar a la divinidad, sino porque existen en nosotros los gérmenes del mal y de la enfermedad espiritual, y no hay más solución que combatirlos y extirparlos porque son precisamente ellos los que nos impiden alcanzar la verdadera dicha.
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¿QUE ES LA MORTIFICACIÓN?
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Mortificación es una palabra que viene del latín y quiere decir hacer morir (mortem facere). Entre los cristianos se emplea para designar los esfuerzos con que procuramos hacer morir en nosotros el pecado y las malas inclinaciones que nos llevan a él.
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Ordinariamente, la palabra asusta un poco porque casi siempre se piensa en lo que ha de costar y la imaginación, lo mismo que exagera el placer que puede producir el pecado, exagera también el pequeño esfuerzo de combatir lo que daña el espíritu y el cuerpo. cuando por el deporte o por la belleza se hacen sacrificios muchos mayores.
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A nadie le parece excesivo sacrificarse por la belleza, por el deporte y por muchas placeres y gratificaciones mundanas que son pasajeras, cuanto más deberíamos hacerlo por los valores espirituales que son eternos.
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La mortificación cristiana tiene su principio y razón de ser en el conocimiento de nuestra naturaleza, inclinada al mal después del pecado original; por eso Jesucristo nos dice de manera figurativa: "si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecar, sácalo, -es decir: mortifícalo, y hazlo morir-porque más te vale perder uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno" (Mt 5, 9).
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Si de verdad queremos participar de la Pasión de Cristo, que se dio a sí mismo en rescate por todos (1 Tim 2,6), hemos de estar dispuestos a aceptar la mortificación y a sobrellevar con perseverancia esas pequeñas o grandes cosas que nos hacen sufrir, con el pensamiento puesto en Jesús que padeció por nosotros, dándonos ejemplo para que sigamos sus huellas. (1 Pedro 2, 21).
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Para actuar de este modo es preciso mirar las cosas con fe. Solamente la fe nos hace ver que en medio del dolor cabe la alegría porque nos hace comprender que todo lo que nos ocurre tiene sentido a los ojos de Dios y que nada, absolutamente nada, sucede sin que El lo permita o lo quiera.