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Oraciones Eucarísticas


IV. ORACIONES EUCARÍSTICAS

1. Oración de santo Tomás de Aquino
Oh Dios todopoderoso y eterno, he aquí que me acerco al sacramento de tu unigénito Hijo Jesucristo, nuestro Señor; me acerco como un enfermo al médico de la vida, como un inmundo a la fuente de la misericordia, como un ciego a la luz de la claridad eterna, como pobre y necesitado al Señor de los cielos y de la tierra.
Imploro la abundancia de tu infinita generosidad para que te dignes curar mi enfermedad, lavar mi impureza, iluminar mi ceguera, remediar mi pobreza y vestir mi desnudez, para que me acerque a recibir el Pan de los ángeles, al Rey de reyes y Señor de señores con tanta reverencia y humildad, con tanta pureza y fe, con tal propósito e intención como conviene a la salud de mi alma.
Te pido que me concedas recibir no sólo el sacramento del cuerpo y de la Sangre del Señor, sino la gracia y la virtud de ese sacramento.
Oh Dios benignísimo, concédeme recibir el cuerpo de tu unigénito Hijo Jesucristo, Señor nuestro, nacido de la Virgen María, de tal modo que merezca ser incorporado a su cuerpo místico y contado entre tus miembros.
Oh Padre amantísimo, concédeme contemplar eternamente a tu querido Hijo, a quien, bajo el velo de la fe, me dispongo a recibir ahora. Que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
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2. A Jesús Crucificado
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Mírame, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado en tu presencia, te ruego con el mayor fervor que imprimas en mi corazón los sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito firmísimo de jamás ofenderte; mientras que yo, con gran amor y compasión, voy considerando tus cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de ti, oh Dios mío, el santo profeta David: Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos.
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3. Alma de Crsito
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Alma de Cristo santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén.
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4.Oración del Papa Clemente XI
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Creo, Señor, haz que crea con más firmeza; espero, haz que espere con más confianza; me arrepiento, haz que tenga mayor dolor.
Te adoro como primer principio; te deseo como fin último; te alabo como bienhechor perpetuo; te invoco como defensor propicio.
Dirígeme con tu sabiduría, átame con tu justicia, consuélame con tu clemencia, protégeme con tu poder.
Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, para que se dirijan a ti, mis palabras, para que hablen de ti; mis obras, para que sean tuyas; mis contrariedades, para que las lleve por ti.
Quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como lo quieres, quiero hasta que quieras.
Señor, te pido que ilumines mi entendimiento, inflames mi voluntad, limpies mi corazón, santifiques mi alma.
Que me aparte de mis pasadas iniquidades, rechace las tentaciones futuras, corrija las malas inclinaciones, practique las virtudes necesarias.
Concédeme, Dios de bondad, amor a ti, odio a mí, celo por el prójimo y desprecio a lo mundano.
Que sepa obedecer a los superiores, ayudar a los inferiores, aconsejar a los amigos y perdonar a los enemigos.
Que venza la sensualidad con la mortificación, la avaricia con la generosidad, la ira con la bondad, la tibieza con la piedad.
Hazme prudente ante los consejos, constante en los peligros, paciente en las contrariedades, humilde en la prosperidad.
Señor, hazme atento en la oración, sobrio en la comida, constante en el trabajo, firme en los propósitos.
Que procure tener inocencia interior, modestia exterior, conversación ejemplar y vida ordenada.
Haz que esté atento a dominar mi naturaleza, a fomentar la gracia, servir a tu ley y a obtener tu salvación.
Que aprenda de ti qué poco es lo terreno, qué grande lo divino, qué breve el tiempo, qué durable lo eterno.
Concédeme preparar la muerte, temer el juicio, evitar el infierno y alcanzar el paraíso.Por Cristo nuestro Señor. Amén.
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5. Oraciónde San Francisco de Asís
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Señor, haced de mí un instrumento de vuestra paz:
Que donde haya odio, ponga yo amor;
que donde hay ofensa, ponga yo perdón;
que donde hay desesperación, ponga yo esperanza;
que donde hay tinieblas, ponga yo luz;
que donde hay tristeza, ponga yo alegría.
Haced Señor que no busque tanto ser consolado como consolar;
ser comprendido como comprender;
ser amado como amar.
Porque es cuando nos damos, que recibimos;
cuando nos olvidamos, que nos encontramos;
al perdonar, que obtenemos perdón;
y es que muriendo, que resucitamos a la vida eterna.
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6. Orecimieitno de sí mismo
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Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, todo mi haber y poseer;
Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno.
Todo es vuestro, disponed de mí según vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia, que esto me basta.
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7. Oración a San José
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¡Oh feliz varón, bienaventurado José, a quien le fue concedido no sólo ver y oír al Dios a quien muchos reyes quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron, sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo!
V. Ruega por nosotros, bienaventurado José.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Oración: Oh Dios, que nos concediste el sacerdocio real; te pedimos que, así como san José mereció tratar y llevar en sus brazos con cariño a tu Hijo unigénito, nacido de la Virgen María, hagas que nosotros te sirvamos con corazón limpio y buenas obras, de modo que hoy recibamos dignamente el sacrosanto cuerpo y sangre de tu Hijo, y en la vida futura merezcamos alcanzar el premio eterno. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
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8. Himnos de Acción de Gracias
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Cántico de los Tres Jóvenes, el que los santos cantaban en el horno encendido alabando al Señor .
1. Bendecid al Señor todas las obras del Señor; alabadle y ensalzadle por los siglos.
2. Bendecid cielos al Señor, bendecid al Señor ángeles del Señor.
3. Bendecid al Señor todas las aguas que hay sobre los cielos; bendiga todo poder al Señor.
4. Bendecid al Señor sol y luna; estrellas del cielo bendecid al Señor.
5. Bendecid al Señor toda la lluvia y el rocío; todos los vientos bendecid al Señor.
6. Bendecid al Señor fuego y calor; frío y calor bendecid al Señor.
7. Bendecid al Señor rocíos y escarchas; hielo y frío bendecid al Señor.
8. Bendecid al Señor, hielos y nieves: noches y días, bendecid al Señor.
9. Bendecid al Señor, luz y tinieblas: rayos y nubes, bendecid al Señor.
10. Bendiga la tierra al Señor: alábele y ensálcele por los siglos.
11. Bendecid al Señor, montes y collados: todas las cosas que germinan en la tierra, bendecid al Señor.
12. Bendecid al Señor, mares y ríos: fuentes, bendecid al Señor.
13. Bendecid al Señor, ballenas y todo lo que vive en el mar: todas las aves del cielo, bendecid al Señor.
14. Bendecid al Señor, todos los animales y ganados: bendecid, hijos de los hombres, al Señor.
15. Bendice, Israel al Señor: alabadle y ensalzadle por los siglos.
16. Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor: Bendecid al Señor, siervos del Señor.
17. Bendecid al Señor, espíritus y almas de los justos: santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
18. Bendecid al Señor, Ananías, Azarías y Misael: alabadle y ensalzadle por los siglos.
19. Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo: alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
20. Bendito eres en el firmamento del Cielo: y loable y glorioso por los siglos
Alabad al Señor en su santuario: alabadle en su augusto firmamento.
Alabadle por sus grandes obras: alabadle por su inmensa majestad.
Alabadle al son de trompetas: alabadle con salterio y cítara.
Alabadle tañendo tímpanos y cantando a coro: alabadle con instrumentos de cuerda y voces de órgano.
Alabadle con címbalos resonantes: alabadle con címbalos de alegría: todo ser que vive alabe al Señor.
Gloria al Padre...
Señor ten piedad.
Cristo ten piedad.
Señor ten piedad.
Padre nuestro...
V. Y no nos dejes caer en la tentación.
R. Mas líbranos del mal.
V. Que te alaben, Señor, todas tus obras.
R. Y que tus santos te bendigan.
V. Se regocijarán los santos en la gloria.
R. Se alegrarán en sus mansiones.
V. No a nosotros, Señor, no a nosotros.
R. Sino a tu nombre da la gloria.
V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a ti mi clamor.Oremos.
Oh Dios, que mitigaste las llamas del fuego a los tres jóvenes, concédenos benignamente a tus siervos que no nos abrase la llama de los vicios.
Te rogamos, Señor, que prevengas nuestras acciones con tu inspiración y que las acompañes con tu ayuda, para que toda nuestra oración y trabajo en Ti siempre comience, y por Ti concluya..
Danos, Señor, poder apagar las llamas de nuestros vicios,
Tú que le concediste a san Lorenzo vencer el fuego que le atormentaba.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Adoro te devote
Te adoro con devoción, Dios escondido,oculto verdaderamente bajo estas apariencias.A Ti se somete mi corazón por completo,y se rinde totalmente al contemplarte.
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto;pero basta el oído para creer por firmeza;creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:nada es más verdadero que esta palabra de verdad.
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad,pero aquí se esconde también la Humanidad;creo y confieso ambas cosas,y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomáspero confieso que eres mi Dios:haz que yo crea más y más en Ti,que en Ti espere, que te ame.
¡Oh memorial de la muerte del Señor!
Pan vivo que das la vida al hombre:concede a mi alma que de Ti vivay que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, bondadoso Pelícano,límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,de la que una sola gota puede liberarde todos los crímenes al mundo entero.Jesús, a quien ahora veo oculto,te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:que al mirar tu rostro cara a cara,sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.
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10. Lauda Sion Salvatorem
*
Este himno, encargado por el Papa Urbano IV a Santo Tomás de Aquino para el Oficio de la Solemnidad del Corpus Christi, es un canto de alabanza del alma, simbolizada en Sión (Jerusalén), en la que se admira y agradecen algunos aspectos de la maravillosa realidad de la presencia de Cristo en la Eucaristía.
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Alaba Sión a tu Salvador,
alaba a tu guía y pastor con himnos y cánticos.
Pregona su gloria cuanto puedas,
porque El está sobre toda alabanza,
y jamás podrás alabarle bastante.
El tema especial de nuestras alabanzas
es hoy el Pan vivo y que da la vida.
El cual se dio en la mesa de la sagrada cena
al grupo de los doce Apóstoles, sin ninguna duda.
Sea, pues, llena, sea sonora, sea alegre,
sea pura la alabanza de nuestra alma
pues celebramos el solemne día
en que fue instituido este divino banquete.
En esta mesa del nuevo Rey,
la Pascua nueva de la nueva Ley
pone fin a la pascua antigua.
Lo viejo cede ante lo nuevo,
la sombra ante la realidad
y la luz ahuyenta la noche.
Lo que Jesucristo hizo en la cena
mandó que se haga en memoria suya.
Instruidos con sus santos mandatos,
consagramos el pan y el vino, en sacrificio de salvación.
Es dogma que se da a los cristianos,
que el pan se convierte en Carne, y el vino en Sangre.
Lo que no comprendes y no ves, lo atestigua una fe viva,
fuera de todo orden de la naturaleza.
Bajo diversas especies, que son accidente y no sustancia,
están ocultos los dones más preciados.
Su Carne es alimento y su Sangre bebida,
pero Cristo está todo entero bajo cada especie.
Quien lo recibe no lo rompe, no lo quebranta,
no lo desmembra: se recibe todo entero.
Recíbelo uno, lo reciben mil;y aquél lo toma tanto como éstos,
pues no se consume al ser tomado.
Recíbenlo buenos y malos;
mas con suerte desigual de vida o muerte.
Es muerte para los malos, y vida para los buenos;
mira cómo un mismo alimentoproduce efectos tan diversos.
Cuando se divida el Sacramento, no vaciles,
sino recuerda que Jesucristo está en cada parte
tan entero como antes en el todo.
No se parte la sustancia, se rompe sólo la señal;
ni el ser ni el tamaño se reducen de Cristo presente.
He aquí el Pan de los Ángeles, hecho viático nuestro;
verdadero pan de los hijos, no lo echemos a los perros.
Figuras lo representaron: Isaac fue sacrificado,
el Cordero Pascual, inmolado;
el maná nutrió a nuestros padres.
Buen pastor, Pan verdadero, ¡oh Jesús!, ten piedad
.Apaciéntanos y protégenos;
haz que veamos los bienes en la tierra de los vivientes.
Tú, que todo lo sabes y puedes,
que nos apacientas aquí siendo aún mortales,
haznos allí tus comensales.coherederos
y compañeros de los santos ciudadanos.
Amén.
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11. Oración del Ángel de Fátima
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Dios mío yo creo, adoro, espero y os amo, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente
y os ofrezco el precioso Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, que se encuentra presente en todos los Sagrarios de la tierra, y os lo ofrezco, Dios mío en reparación por los abusos, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido. Amén.
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12. La Comunión espiritual
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Ya san Agustín distinguía entre el sacramento (el signo) y lo que nos da el sacramento (lo significado, que aquí es Cristo), dos aspectos -mejor dicho, dos realidades- de la misma realidad.
La teología posterior explicará cómo pueden recibirse los efectos del sacramento de la Eucaristía sin recibir el sacramento mismo. Santo Tomás de Aquino, explicó que se pueden recibir los efectos sin recibir el sacramento: mediante el vivo deseo de la voluntad humana de recibir el sacramento intensificando la fe y el amor hacia Cristo Eucarístico, aunque con la Comunión sacramental se consigue más plenamente el efecto del sacramento que con sólo el deseo (Suma de Teología, III, q. 80, a. 1).
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En el siglo XX, san Pío X, que tanto hizo por fomentar la Comunión frecuente y diaria, y adelantó la edad de la Primera Comunión de los niños, la describe así en su propio Catecismo: La comunión espiritual es un gran deseo de unirse sacramentalmente a Jesucristo diciendo, por ejemplo: "Señor mío Jesucristo, deseo con todo mi corazón unirme a Vos ahora y por toda la eternidad", y haciendo los mismos actos que preceden o siguen a la Comunión sacramental.
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Muchos autores espirituales la han recomendado (santa Teresa de Jesús, Tomás de Kempis, san Alfonso María, san Alonso Rodríguez,
El Santo cura de Ars, etc. como medio para crecer en el amor a Dios y remedio para cuando el amor se enfría.
No hay una fórmula concreta para practicar esta devoción, que debe de contener algunos elementos: un acto de fe (creo que estás aquí), un acto de amor a Jesús Sacramentado (Te amo sobre todas las cosas), una acción de gracias por haberse quedado con nosotros y un acto de deseo (quisiera recibirte).
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En la vida diaria, a veces lo que más importa es la intención, el deseo, aunque luego no se pueda hacer lo que se deseaba realizar.
Una fórmula popular breve es: Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los Santos.